La sombra no quiere destruirte, quiere hablar contigo

Durante años creí que mi sombra era esa parte de mí que tenía que contener, controlar o esconder. Pensaba que si le daba espacio, me sabotearía. Que si la dejaba salir, destruiría todo lo que estaba construyendo. Así que la reprimía. La empujaba al rincón más oscuro de mi interior, como si fuera una amenaza.

Hasta que un día, decidí escucharla.

No fue en una sesión de terapia. No fue en un momento de crisis. Fue en una meditación sencilla, en la que me vi a mí mismo en una playa que solía visitar con mi familia cada verano. Un lugar lleno de calma, de libertad, de pertenencia. Un lugar donde podía ser sin esfuerzo. Y fue entonces cuando me di cuenta de que hacía cuatro temporadas no me daba el permiso de volver a ese espacio que era tan mío.

¿Por qué?

Porque algo dentro de mí creía que ya no merecía esa calma. Que no había tiempo. Que había cosas más urgentes. Pero en realidad, lo que había era una sombra que intentaba hablar y que yo no quería oír.

Mi sombra no quería arruinarme la vida.

Mi sombra quería que volviera a mí.


Muchos pensamos que la sombra —esa parte que contiene nuestra vergüenza, nuestros deseos prohibidos, nuestras emociones intensas— está allí para hacernos daño. Pero no. La sombra lo único que quiere es participar. Quiere vivir contigo tus triunfos. Quiere que la reconozcas, no para ponerla en un pedestal, sino para que deje de tener que gritar en los peores momentos.

Cuando me he sentido más desconectado de mí, no necesitaba un consejo. No necesitaba que me dijeran qué hacer.

Solo me hubiera bastado una pregunta:

¿Te has tomado el tiempo de escuchar a tu sombra y ver lo que realmente quiere de ti?

Porque mi sombra no quiere ser mi enemiga.

Quiere ser parte de mi todo genio.


Hoy reconozco que mi vergüenza, por ejemplo, no es una señal de que hay algo malo en mí. Es una puerta. Una señal de que estoy tocando un límite que aún no sé cruzar. Y aunque a veces huyo de ella, estoy aprendiendo a quedarme. A escuchar. A dejar que me hable sin necesidad de explotar como una olla de presión.

Porque cada vez que le doy espacio a mi sombra, me acerco más a mi totalidad.

Y no hay nada más poderoso que un ser humano completo.


¿Quieres iniciar ese diálogo con tu sombra?

Aquí te dejo una pregunta para empezar:

¿Qué parte de ti has estado evitando mirar porque crees que, si la nombras, te destruirá?

Te sorprendería saber que eso que más temes… solo quiere que lo mires a los ojos y le digas: “Estoy listo para escucharte.”


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